13 Noviembre 2005
La mujer en sí es diferente al hombre,cosa que es y suena obvio, pero que sin embargo esconde varias particularidades.
Está comprobado , desde la época de las cavernas que tenemos cerebros distintos...en aquella época la mujer debía quedarse en la cueva realizando varias funciones a la vez y el hombre debía preocuparse sòlo de dar en el blanco, de pegarle al animal para cazarlo.
Algunos piensan que este rol de mujer es una característica biológica, para mí es más un dejo de cultura, ya que socialmente a la mujer se le ha atribuido lo privado, lo deméstico, todo aquello que está encerrado en el mundo de ser ama y señora del hogar...en sentido figurado claro.
Lo anterior ha traido como consecuencia que se espera de la mujer que sea la princesa, la cual debe estar siempre impecable ya que si se enoja o bien, deja entrever su desgano por tal o cual cosa, pasa inmediatamente a la categoría de bruja...llama la atención la facilidad que tienen los hombres para olvidar lo buena que ha sido antes de este episodio.
Lipovetsky habla de tres estadios en la historia de la mujer: el más primitivo que alude a la mujer despreciiada, devaluada, funcional al hombre. El Segundo, la mujer hada, bella, madre, esposa, dueña de casa, con una identidad construida por el hombre. La tercera, una mujer en proceso de construcción, una mujer que busca decidir si opta por la casa o por el trabajo, por si quiere o no casarse, si quiere o no tener hijos, una mujer que está construyendo su identidad en solitario, sin el hombre.
Es este rol de mujer el que desconcierta, un rol de mujer que ejerce sus derechos en todos los ámbitos, llámese amoroso, laboral, sexual...son estos cambios los que generan nuevos roles en el hombre.
El juego de seducción sigue en pie, sigue la busqueda del misterio escondido pero ahora sin diferencias externas.
Para Levinas la esencia de la mujer es la fuga permanente hacia el misterio y el hombre lucha por tomar ese misterio que se le escapa. la forma de existir lo femenino consiste en ocultarse.