7 Febrero 2006
La soledad es un mal de nuestro tiempo…basta ver la cantidad de personas que participan en aquellos chats para conocer “otras almas” que se encuentran en la misma situación.
La definición más común de soledad es la de carencia de compañía y se tiende a vincular con estados de tristeza, desamor y negatividad. Siempre se ha dicho que somos seres sociales, que necesitamos de los demás para construirnos, para cubrir nuestras necesidades de afecto y desarrollo, para afianzar y revalidar nuestra autoestima….¿Pero qué pasa cuando existe la ausencia de aquellas personas significativas que nos reportaron seguridad y satisfacción?
Cuando desaparece alguien a quien hemos amado o que ocupaba un espacio importante en nuestro diario vivir, nos invade una sensación de soledad, un vacío en el centro del pecho, un frío que se siente en el alma que provoca tristeza, desesperanza, falta de apetito…entre otras tantas.
Se debe entender que la sensación de vacío persistirá por un tiempo, que los recuerdos quedarán y se harán parte de nuestra historia, nos debemos por resperto a nosotros mismos, permitr sentir ltristeza, vivir nuestro duelo, interiorizar y sentir el dolor que la situación nos provoca, aprender a no temerle, y luego afrontarla, superarla a base de confianza en nosotros mismos, si la interpretamos como oportunidad para aprender a vivir el dolor sin quedarnos bloqueados, nos daremos cuenta que poseemos las herramientas para continuar transitando por la vida…. Lo importante es ser conscientes de que, si bien la persona no está, nosotros seguimos viviendo, no es ni simple ni sencillo, pero es posible.
Honestamente, creo que talvez por demasiado tiempo pertenecí al grupo de personas que se acostumbró a vivir solos…fueron varios años de suscripción ininterrumpida en este club. Pero reconozco que esta soledad por opción, era una forma de disfrazar la inseguridad y el miedo a que no se nos quiera, que no se nos respete, que se nos rechace. Por eso construí un muro alrededor donde me encerré y viví el vacío, justificandome con argumentos que ni siquiera a mi me convencían…costó pero entendí, no fue fácil…volver al pasado, reconstruirlo, volverlo a vivir, entenderlo, liberar los miedos, los afectos que no mostré, las palabras que no dije, los besos que no di…Soy de procesos lentos, me gusta sacar lecciones…no quiero cometer los mismos errores.
Hace un rato terminé de conversar con Draco, quien por estos días está gris…le contaba que yo también habia pasado por eso y que, si bien me demoré algunos años en los que los viajes al pasado se hicieron necesarios para saldar la deuda de mi historia pendiente, logé entender la soledad como una situación transitoria y beneficiosa. Logré vivir un tiempo de reflexión, que permitió reconocerme y reencontrarme con mi identidad. Establecí contacto con mis miedos …me despedí del suelo por largo rato y di tiempo al ser interior para que hablara…hurgar en los recovecos del alma es doloroso pero necesario. Luego volví a la tierra, más liviana y limpia… por eso hoy puedo y tengo el descaro de estar conciente de lo que soy y de saber cuales son mis herramientas para enfrentar el encuentro con lo incierto. En algún lugar hay personas que también desean conocer a alguien como nosotros, con quien poder hablar, intimar y a quién querer…
Las inseguridades, provocadas por la desilución, por el fracaso, por la derrota, por el comentario mal intencionado, hicieron realidad aquello de “lo que no te mata te hace más fuerte”.
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